Tras una tercera visita a Nueva York, pero la primera tras la histórica caída de las Torres Gemelas, la ciudad de los rascacielos me sigue inspirando fuertes emociones a la vez que hace “redescubrir” nuevas facetas de su fortaleza, majestuosidad y grandeza. Sus increíbles rascacielos, sus barrios culturales de la bohemia neoyorquina, el Village y el Soho, el pulmón verde del Central Park, su mosaico de razas y culturas, su increíble oferta de espectáculos en la luminosa Times Square, todo ello y su increíble Skyline la convierten en esa ciudad plena de vida y actividad, como dijo Frank Sinatra en su canción, la “ciudad que nunca duerme”…

Tras el increíble atentado que sumió en la depresión más absoluta a la ciudad y a sus habitantes, algo se perdió para siempre, uno de los emblemas del barrio financiero, miles de vidas, la inocencia de muchos que creían en la invulnerabilidad de un sistema…..pero muchos confiamos en su recuperación, y tras visitar la zona “cero” y ver cómo de entre las cenizas vuelven a surgir nuevos gigantes llegas a la conclusión de que, Nueva York sigue siendo la misma, la ciudad invencible, que nunca duerme, que nunca descansa, y que siempre “se levanta”, incluso de las desgracias….

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