En el post de hoy queremos reflexionar sobre la ilustración, cómo se ha ido colando en nuestras vidas en los últimos años, dejando algo de lado el carácter más técnico, frío y perfeccionista del diseño. Y es que de hace unos años hasta aquí, se han fusionado técnicas clásicas con las más punteras en tecnología, ejemplos de ello es la presencia en el mercado de productos como Wacom Inkling, que te permite digitalizar automáticamente lo que dibujas dentro del área activa de trabajo. Se observa como algunas marcas han apostado también por esta línea de trabajo, adoptando así una imagen más amable y completamente comercial.

Con la ilustración nos acercamos más al carácter del observador: la línea, el color, la textura, la forma…, todo este conjunto habla con entidad propia. Nos servimos de los rasgos de la ilustración para añadir valor, dar más vida y personalidad a nuestro trabajo.

Cuando mimas las cosas, las das forma y las bautizas, el que está al otro lado lo aprecia y es que lo personal… ¡gusta!

Desde ilustraciones realistas, a otras tan sólo representativas; tipografías que nacen siendo dibujadas o dibujos que son tipografías; personajes, iconos, escenas, cómics, lienzos abstractos.. Todos son mensajes codificados que podemos usar como herramientas para mejorar el trabajo final y hacer al observador partícipe de lo que ve.

 

 

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